Meme: Don’t worry be happy.

Aquí dejo un encargo del hamigo LordZoltan -en adelante, Lorzo- en clarísima represalia por otro meme anterior que yo le endiñé a el. Esto no quedará así, rufián.

  1. Lo más importante, con diferencia. Dar un paseo y/o tomar una cerveza o un café con alguien interesante a última hora de un dia de diario, cuando ya no tengo nada más que hacer. Compartir una parrafada, a veces trascendental, a veces intrascendente, y a casa.
  2. La sensación de estar cansado a la vez que desbordante de energía al terminar una sesión de gimnasio.
  3. Preparar una escapada de fin de semana a algún pueblo perdido con los amigos. Sobre todo antes, cuando en Pueblo Perdido no había ni señal de televisión ni de móvil. Parrillada si hace bueno, chimenea si hace frío, cerveza, juegos de mesa, cartas, rol…
  4. Pasar un rato practicando con el bajo, y notar como avanzo o mejoro poco a poco. Quizás es más una cuestión de percepción, ya que sigo sin llegar a tocar una canción entera en condiciones, pero no suelo terminar frustrado despues de tocar.
  5. Desconectar absolutamente de todo y de todos durante unos días, y dedicarme exclusivamente a leer un buen libro. O tres.
  6. El sol. Ahora es bienvenido por que se deja ver poco, pero incluso en verano. Si no me da un rato de luz solar en la cara cada dia o cada pocos dias, tiendo a ponerme de un humor bastante cenizo. Y cuando YO estoy de mal humor, todo el mundo a mi alrededor lo sufre.
  7. BONUS: añadido a posteriori. Jugar un rato con mi prima de dos años y hacerla reir. También resulta agotador, pero cuando consigues hacer que suelte esa risa incontrolable, todo parece mejor durante unos momentos.

Y ahora que he hecho méritos y la profe me ha elegido para cuidar la clase mientras ella no está, se lo endiño a:

  • Dexae, que desde que es mercenario tiene el blog personal un poco abandonado.
  • Bad_CRC, por que se los paso todos y disfruto haciéndole sufrir.
  • Patoroco, para que ponga si el Macbook nuevo le hace Ahora Más Feliz™.
  • Bydiox, por aquello de seguir implicando a gente de la blogosfera/twittosfera pucelana.
  • TheLizardKing, que tiene tantas fuentes en friendfeed que no sé donde enlazarla. Parece andar de bajón y quizás esto le dé algo bueno en lo que pensar.
  • Arrikitukis, que está manca y seguro que está deseando tener cualquier pretexto para escribir.

Robert Forward – “El mundo de Roche”

Advertencia: lo que pretendía ser la breve reseña de un libro se ha convertido en una ñoña reflexión sobre temas que posiblemente no te interesan y que además está llenita de spoilers. Si quieres una reseña breve, lee esta otra.

El mundo de Roche, mala traducción para Rocheworld es una de esas pequeñas novelitas de ciencia ficción que cae en el grupo de los clásicos imprescindibles pero poco conocidos. Ciencia ficción hard, muy bien llevada, con un altísimo factor nerd y un auténtico pasapáginas.

Rocheworld trata de un viaje de exploración al sistema de la estrella de Barnard. Y concretamente Rocheworld, uno de los planetas de ese sistema, es un sistema planetario en si, formado por dos planetas en forma de huevo que orbitan uno alrededor del otro, y que comparten atmósfera por encontrarse a menos de 80km de distancia. Sólo las descripciones del gradiente de gravedad en cada punto del planeta, como éste es afectado por el periodo orbital alrededor de la estrella, y lo que presumiblemente ocurre en el perihelio, ya tendríamos para una novelilla casi pulp y muy entretenida. Añadimos el velero solar,  una inteligencia artificial cuya representación física es un robot fractal -para entender esto lo mejor es leer el libro- llamado Árbol de Navidad, y los flouwen, sencillos aunque avanzados organismos que habitan el lado acuoso de Rocheworld, y la cosa mejora sustancialmente.

Pero si algo me ha impactado de este libro, es precisamente lo que ocurre antes de llegar al sistema de Barnard, durante el viaje de 40 años que lo separa del nuestro. Para paliar el envejecimiento durante estos 40 años, todos los tripulantes toman una droga que reduce los efectos del paso del tiempo en un factor de 4, a la vez que también reduce la capacidad intelectual en el mismo factor mientras se toma. Así que todos los tripulantes viven una segunda infancia durante la mayor parte de los 40 años del viaje, mientras permanecen al cuidado del Árbol de Navidad.

Esta idea me ha causado una gran impresión. Será que tengo el síndrome de Peter Pan o algo por el estilo, pero me resulta infinitamente atrayente. Aunque en alguna ocasión he afirmado que no echo de menos mi infancia -estoy contento tal como estoy ahora, gracias- la idea de volver a vivirla de una manera diferente -mejorada- simplemente escapa a mi capacidad de definición. Quizás el hecho de ser programador también influya en parte, por aquello de la mejora incremental, el desarrollo iterativo, ir haciendo las cosas un poco mejor cada vez… en una palabra, fascinante.

Y por si fuera poco me dicen que este no es el mejor libro de Forward y que debería leerme “Misión de gravedad” y “Huevo de dragón”. Lo haré pronto.