Es infinitamente jodido levantarse un sábado con 40º de temperatura ambiente, una resaca de tres pares de cojones y tu vieja (que precisamente ayer cumplió años, happy b’day, mom) haciéndote fotos con la cámara digital mientras tu estas sentado en gallumbos en la cama, tratando de no asquearte mucho con tus sábanas empapadas de sudor y mirando los flashazos que te sueltan a 10 centimetros de las legañas como un animal asustado.
Y aun puede empeorar. Comes. Hace calor. Tratas de ducharte. Cuarto de baño ocupado por hermana. Telefono no para de sonar. Sigue haciendo calor. El café con hielo no hace nada por mis neuronas mutiladas. La niña no sale del baño.
Por la tarde toca expedición familiar al completo, a celebrar el cumpleaños de “la mamma”. Justo cuando estamos a punto de salir, móvil suena. Es N que por fin, después de ruegos, súplicas y amenazas de desencadenar el apocalipsis tiene unos minutos para mi. Justo hoy, el único dia en todo el mes en el que tengo algo que hacer fuera de la ciudad. Todo el mes en la lista de espera, y cuando por fin, después de no sé que fulano que de repente se ha presentado en la ciudad, tengo la posibilidad de dar un regalo de cumpleaños ya polvoriento, y no puedo.
Mierda, hombre. Es una putada, lo mires por donde lo mires. Lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible. La cuestión es que mi vieja se entera del percal, y unos minutos después, cuando ya estoy en el coche, a algunos kilometros de casa, con una empanada de 2 kilos sobre las rodillas, oigo que dice “no hacía falta que vinieras, por mi ya cumpliste ayer”, en tonillo condescendiente.
Y eso ya es la hostia. Como respuesta, giro la cara hacia la ventana, tratando de no traicionarme y torcer el gesto por el sabor acre que me sube por la garganta, aprieto los dientes y subo el volumen del minidisc a tope. Justo para ver en la cuneta dos grúas, un coche de policia y una especie de lavadora roja que hace un rato debía ser un coche. Es un detalle sin importancia, pero que termina de desbordarme.
Es una puta mierda esperar un mes para dar los regalos, tratando de no presionarme demasiado a mi mismo ni a N. Una auténtica puta mierda. Es una puta mierda, que justo haya ido a elegir el dia de hoy, despues de “toda la semana en casa vagueando”. Y el resto de las circunstancias, son una puta mierda.
Es una puta mierda llegar a un cerco de tierra reseco, sentarte bajo el sol, y mirar hacia otro lado mientras se prepara la fiesta. Es una puta mierda que se te acaben las pilas del minidisc. Es una puta mierda sonreir a media familia sin saber a cuento de que. Es una puta mierda tener la misma discusión de siempre sobre vandalismo, graffitis y las ideas de nuestro magnánimo alcalde. Es una puta mierda que 4 parientes te pidan que te pases un dia por su casa “a echar un vistazo al ordenador y formatearle”. Es una puta mierda que cuando empiezan a coger de que va el rollo de hoy, te vuelvan a mirar como al niño raro, la oveja negra de la familia, el antisocial, el antipático, el seco, el desagradable que has sido para ellos durante toda tu vida.
Es una puta mierda pasar horas y horas y horas aguantando, mientras ves que las posibilidades de un retorno rápido a la civilización se esfuman, y con ellas las de arreglar un poco esta puta mierda de dia. Es una puta mierda llegar a casa de madrugada y ver que sigue haciendo la misma puta mierda de calor. Es una puta mierda no encontrarte en el IRC a nadie a quien amargar un poco con toda la puta mierda que necesito vomitar antes de que por fin pierda los nervios y empiece a llorar o a dar patadas a un mueble.
Y aun hay mas cosas, que me hacen sentirme una puta mierda. Y decididamente, algunos dias es una puta mierda ser yo.
A la mierda.

#1 - 3 de Agosto de 2003 a las 14:04
Hay veces que la vida parece solaparnos bajo una pesada losa que no nos deja respirar. Que la incomprensión se dibuja en los ojos de los que nos rodean y un tanto hastío por nuestro comportamiento, mientras nuestra alma se pierde en un lodazal de conflictos y de sentimientos contrapuestos. No hay una solución mágica para acabar con estas temporadas de decepción y de profundo desánimo. Simplemente seguir hacia adelante esperando que esa nube que amenaza con convertirse en la mayor de las tormentas sobre nuestras cabezas se traslade con una ligera brisa a otro lado.
Ánimo amiwo y ya sabes que puedes contar conmigo.
#2 - 3 de Agosto de 2003 a las 22:38
Este post es poesía pura…
¿Contra esto? Respirar hondo, mirar al frente, la cabeza bien alta y p’alante…
Saludos.