“Spook Country”, de William Gibson

Recién terminado he el primer libro del 2008. Me ha llevado mi tiempo darme cuenta de la falta que me ha hecho una lámpara de lectura junto a la cama durante los últimos años.

Después de Pattern Recognition, y en lo que ya se ha llamado la trilogía de Blue Ant, tenemos Spook Country, que nuevamente vuelve a tener lugar en la actualidad o no muy lejos de ella. Como bien señaló JJMerelo no deja de ser la ya habitual búsqueda, que presenciaremos a través de los diversos personajes que se nos presentan.

En este caso tenemos un adicto a los tranquilizantes cautivo de un agente del gobierno que lo utiliza como intérprete cautivo en su persecución del trasto; un joven representante de una dinastía familiar cuyo negocio es el espionaje, y a Hollis Henry, a quien podríamos señalar como la protagonista principal. El amigo William, con su particular estilo nos identifica con ella haciendo que siempre vaya un paso por detrás del resto de los personajes, sin saber lo que pasará a continuación pese a disponer de medios casi ilimitados proporcionados por Hubertus Bigend, el magnate de la publicidad que ya conocimos en el libro anterior.

Sobre el argumento, no diré mucho. En cierto modo, se vuelven a explorar algunas de las ideas de la trilogía del Puente: realidad aumentada, deidades vudú, un lenguaje que solo puede comprender un personaje -los puntos nodales, el volapuk-… El geoposicionamiento cobrará también una importancia crítica para la historia.

Para el resto del argumento, y todo lo que rodea y comprende la novela de Gibson, lo mejor que podeis hacer es ir a Node, que me ha sorprendido tanto como el libro en sí. Compartiendo nombre con la revista ficticia en la que trabaja la protagonista -literalmente, una versión europea de Wired-, Node es un tumblelog que contiene un análisis capítulo por capítulo, anotado e hiperenlazado, y que es una de esas ideas que hubiera querido tener yo.

Y ahora, a por el próximo libro.

Corinne Maier – Buenos días, pereza

¿Ensayo de andar por casa o manual de negocios?. Ni una cosa ni otra. Buenos días, pereza pretende decir por fin la verdad, toda la verdad, no la que algunos quieren hacernos creer. Aquí está: hoy en día ya nadie cree en la empresa. Por mucho que se esconda, la desmotivación es propia de todos los trabajadores del mundo, que, como bufones de una máquina absurda y grotesca, sólo desean una cosa: cobrar su sueldo a fin de mes. Si la realidad es ésta, ¿qué hay que hacer?. Sobre todo, NADA, afirma este libro. Seamos individualistas e ineficaces y hagamos lo mínimo posible, mientras aguardamos la buena nueva: que todo este sistema se hunda.
Buenos días, pereza sólo tiene un objetivo activo: desmoralizarnos, en el sentido de que no tengamos ningún escrúpulo con la empresa. Nos ayuda a utilizarla, ya que hast aahora ha sido ella la que se ha aprovechado de nosotros. Y nos explica cómo se puede minar el sistema desde el interior sin que se note. Cínico y provocador, este libro describe la realidad actual del mundo laboral y establece una estrategia de supervivencia en un mundo, el de la empresa, absurdo y despiadado

Interesante como lectura ligera, pero repleto de obviedades. No me alargaré mucho, ya que el libro es más bien breve y puede terminar saliéndome una reseña más amplia que éste.

Esta señora ha descubierto la cura del cáncer, la fusión fría y que trabajar no mola. Y para ello la han hecho falta no sé cuantos años trabajando como funcionaria en una empresa estatal francesa. Yo, que por lo visto debo ser más espabilado, me dí cuenta de ello aproximadamente a los 2 o 3 meses de empezar mi primer trabajo serio.

El libro es básicamente una sucesión de tópicos, presentados de una manera que trata de ser contundente y salpicados cada pocas páginas con menciones a un par de escándalos empresariales que han ocurrido en Francia en los últimos años. Cuán absurdo es el lenguaje empleado en los documentos internos. Taxonomía de ‘los cretinos con los que te codeas’. No carece de cierto interés. Pero de ahí a convertirse en un best-seller que ‘está cambiando el mundo laboral’ va mucho, mucho, mucho. Para leerlo si te lo prestan, si necesitas un poco de autocompasión o si no tienes nada mejor que hacer en el curro (heh!). Pero no salgas corriendo a comprarlo.

Ok, ok, tampoco es cuestión de ser cruel. En cierto modo, simpatizo con esta señora y comparto sus ideas. De hecho, pretendo volver a leerme el libro para anotar un puñado de ideas que terminaré remezclando en un par de artículos que tengo a medias. Algún día.