El fallo de Jericho

Hace unos dias terminé de ver el último capítulo de la que se dice la última temporada de esta serie de cosas nucelares.

Por un lado, creo que soy el único que se quedó satisfecho con el final de la primera y me habría quedado muy tranquilo si la serie hubiera acabado en ese punto: las cosas parecen arreglarse y se ha formado un nuevo gobierno, pero ya es demasiado tarde para el pequeño pueblecito de Jericho, que se encuentra en guerra con un pueblo vecino.

Una serie centrada, mayormente, en la vida post-bomba de un pueblo en medio de la inmensa nada de los EEUU: el gobierno local tratando de mantener la paz y el orden a la vez que hace la vista gorda a los trapicheos necesarios para mantenerse abastecidos, rivalidades con los pueblos vecinos y en definitiva el reajuste a una forma de vida más a la antigua. El tema conspiranoico de las bombas no deja de ser una subtrama -importante, pero subtrama- centrada en el personaje de Hawkins, que también participa en las demás, y en la que ningún otro habitante del pueblo se ve involucrado hasta el final.

Entonces llega la segunda temporada y el foco de la serie cambia completamente: el nuevo gobierno central se instala en forma de unidad del ejército y se apoya en dos empresas, una gran ‘consultora’ y una de ‘seguridad privada’ -ambas malvadas y corruptas, por supuesto-, se restablecen los servicios básicos y el tema de las bombas pasa a ser el único.

No me extraña que haya tenido poco éxito. El mensaje de la serie cambia completamente, y la fulminante cancelación hace que todo tenga que apresurarse hasta un final feliz que no resulta para nada satisfactorio. Los malos odiosos mueren y el país -o lo que queda de el- está a salvo una vez más.