¿Nos acercamos a la post-escasez?

Durante las últimas semanas… digamos, desde mi último post, una ola recorre la blablasfera, con los sitios de lifehacks surfeando sobre ella cual pinguinos animados en 3D. En castellano preferimos llamarlo “mierdas las justas” pero viene a ser lo mismo. Yo mismo me vi envuelto hace unos meses en un torbellino organizativo que terminó con más de de 15kg de papel (se dice pronto) en el contenedor de reciclaje, y un volumen importante de hardware regalado o en el punto limpio.

Hace poco el ínclito PJorge comentaba que tenía demasiados libros, una situación en la que yo tambien me encuentro, en mayor o menor escala, y que me hace pensar en simplemente regalar un montón de libros y desmontar la estantería para sustituirla por algún gadget de tinta electrónica y un DVD lleno de ebooks.

¿Merece la pena invertir semanas investigando la oferta de cámaras digitales?. Si no eres un profesional o un entusiasta, no. Lo mismo con toda la electrónica en general. Y con la ropa. Y con muchas otras cosas. Es una especie de Ley de Moore de Las Cosas. Si piensas demasiado si te conviene adquirir loquesea realmente no te hace falta. Si de verdad lo necesitas, no compensa perder el tiempo mirando cual de los posibles loqueseas durará más tiempo antes de quedar obsoleto o pasado de moda, o si dentro de X tiempo seguirá siendo útil.

Asegúrate de que un loquesea que quede aproximadamente en el medio de tu rango de elección cubre tus necesidades hoy, cierra los ojos y saca la tarjeta de crédito. Utílizalo. Y si el año que viene se te empieza a quedar corto, repite el procedimiento y reemplázalo.

Suena terriblemente burgués, y catastrófico para el medio ambiente. Pero desde las aerolíneas de bajo coste, a los libros de bolsillo, a las camisetas enviadas desde EEUU por 10 dólares gastos incluidos, cada vez todo es más low-cost. Nos guste o no, estas son las reglas y hay que jugar.

Siguiendo un razonamiento clásico: si las cosas son baratas es por que la demanda es inferior a la oferta, situación que se da cuando un bien abundante y fácilmente accesible. Las cosas escasas o díficiles de obtener siguen siendo caras, pero cada vez hay menos cosas escasas. Lo que realmente escasea es la escasez.

Este post de Seth Godin me ha golpeado como un ZAS-en-toda-la-boca. Es una de esas cosas que sabes de manera inconsciente, pero de las que no te das cuenta hasta que no te dicen que llevas la bragueta abierta.

El problema, me parece, es que esta tendencia no casa bien con la mentalidad überconsumista que gastamos en la sociedad occidental. Quien más, quien menos, siempre ha querido algo que estaba fuera de su alcance, y es muy fácil que se entregue a ello tan pronto como el objeto del deseo empiece a quedar dentro de su poder adquisitivo. Hoy en día es muy fácil nadar en la abundancia.

Es lo que me ocurre con los libros. Tantos años de infancia y adolescencia deseando leer tal o cual título han hecho que me resulte imposible resistirme a sacar la cartera cuando por fin un ejemplar se me pone a tiro. Y no, no basta con sacarlo de la biblioteca, leerlo y devolverlo. Habiéndolo hecho, sigo comprándolo. Es necesario poseerlo para poder sacar esa espinita clavada de tantos años de anhelo. Hasta que te das cuenta de que las baldas se doblan, los lomos están polvorientos, y realmente, tus libros/trastos te poseen a tí en lugar de tu a ellos.

Quizás Cory Doctorow tenga razón y algún dia, el whuffie, la reputación, sea la moneda de curso legal para toda la humanidad. Hasta entonces, puedes ir leyendo esta novelita sobre el mundo post-escasez. Es gratuita, libre y electrónica. No podrá poseerte.

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