Estoy sentado al ordenador de mis padres, o más bien, el ordenador de la familia (que ruidoso es este teclado). Mi habitación ha sido completamente desmantelada, terminando con años y años de zumbido y trabajo continuos por parte de mi (fiel) Athlon 500. Nunca volverá a arrancar mas allá de las puertas de Moria… mi habitación.
La desconexión ha sido un momento… duro. Desde que lo tengo, nunca había estado apagado mas que un puñado de horas alguna noche, cuando los ventiladores no me permitian dormir.
Ayer, despues de largas horas de coffee con celebración del cumpleaños de la srta. Yogu, largas horas de ocupación de la terraza de casa de Wes, bebiendo y comiendo (sin mezclar) como cerdos, y largas horas de fiesta y copeo, llegué a casa totalmente broke y bastante cansado.
Todo para que hoy me levantasen poco despues, a una hora que yo ni siquiera sabía que existía dentro de lo que llamamos ‘Domingo’. Como mucho, he conocido las 9 de la mañana como una prolongación de la noche del sábado. Y a veces ni eso.
Comienza el proceso de vaciar mi habitación de todas las cosas que en ella se esconden. Libros, CDs, más libros, mas CDs, cassetes (¡todavia tengo cassetes, no me lo creo!), cintas VHS (lo mismo digo) y diversa parafernalia friki. Luego, contenido de los cajones (cosas olvidadas años ha, que nunca debí haber guardado para no haber tenido que mirarlas hoy). Lo peor no era la resaca (que casi no tenia). Lo peor no era el sueño que tenía encima. Lo peor no era el calor. Lo peor, es que con el ordenador apagado, no he podido llevar a cabo las rutinas de recién levantado que he desarrollado este verano: encender el monitor, decirle al Firebird que me abra los sites de noticias mañaneros en tabs, encender el amplificador y enchufarle algo de música al Winamp mientras vuelvo a sentarme 4 o 5 minutos en la cama, en lo que me espabilo (Aqui reseño que no hay nada como Arch Enemy o Dark Funeral para ponerse en marcha por la mañana. A veces incluso prescindo del café).
Con las legañas todavía puestas, empiezo a frotar la pared con algún producto de limpieza, o disolvente, o algo asi. A la hora de comer llevo un colocón de pánico gracias al suave aroma del fluido ese, asi que prefiero tirarme media hora en un sofá a meter algo en mi estómago. Después, a terminar de sacar los muebles, limpiarlos con amoníaco (nada mejor que un poco de peste a nitrógeno para quitar el pestazo del producto anterior), y empezar a pintar.
Para mi cueva, esta vez “he elegido”, (orientado por mi señora madre, claro), un color verde claro “muy alegre y luminoso”, que creo que pronto cubriré de posters. Y pintando, pintando, terminas reventado, sucio y jodidamente apestado por tercera vez en pocas horas. Y mañana, la segunda mano. Todo para que quede una chapuza como la de la última vez xDDD.
Y aqui estoy, en la cocina, mientras mi habitación desmembrada murmura amontonada en el salón, y su cascarón vacio (VACIO, VACIO, VACIO… buuuuuu) resuena con un eco cacofónico cada vez que osas poner un pie dentro.
Me toca dormir en un sofá (si, en mi cocina hay un sofá) y despertarme cada vez que a alguien se le ocurra venir a beber un trago de leche del frigorífico (yankee style). Teclear en un teclado que no es el mio. Escuhar música del minidisc, en lugar del mogollón de gigabytes del disco duro (aqui también hay cierta cantidad de música, pero es la tipica mierda de mi hermana: papi chulo por aqui, king africa por alla, dinio dando penilla…). Postear desde Internet Explorer.
Menos mal que en 24 horas o poco mas (espero), todo habrá vuelto a la normalidad. Si la verdad es que no llevo este verano nada bien, al menos tenia una rutina, y si algo me jode, es que me interrumpan.
Como detalle positivo, ya se me han ocurrido varias cosas para experimentar con el nuevo equipo: jugar mucho al Vice City (”experimentar”) y cuando me canse, encontrarme de nuevo (6 meses mas tarde) con Gentoo Linux, en un nuevo intento de cometer adulterio para con Debian. Y si puedo probar con distcc para compilar los paquetes, mejor. Y cuando me canse de instalar, echar a mi hermana de su habitación y limpiar de mi antiguo amiwo todo resto de mi paso por el. Incluyendo el nuevo diseño de la cosa esta, que no acabo de cuajar (el photoshop no es lo mio - si, el nuevo diseño tiene imágenes).
Y antes de irme (llevo como 10 minutos intentando terminar el post, pero no dejan de venirme cosas a la cabeza) ya he terminado de leer el primer volumen de La torre oscura de Stephen King. No es que me haya entusiasmado como tal, pero el epílogo final de King es el gancho mas vil y rastrero para seguir leyendo la saga que nunca he visto. Y eso que no dice nada importante, pero… no sé. Trataré de explicarlo cuando termine el segundo libro, a ver si ha merecido la pena.
El sofá cama me llama. Se aceptan apuestas sobre si cuando me despierte para ir al WC o a por agua, me daré una hostia contra una pared por no saber donde estoy, o en cambio seré listo por una vez, y encenderé la luz. La respuesta, en el próximo post.
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