No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy.

Mejor aún. DÉJALO para mañana y pasa el dia de hoy escribiendo un script que lo haga mañana, pasado mañana, el siguiente y el siguiente. La pereza PAGA. Ser un puto vago indecente FUNCIONA.

En informática, o mejor dicho, en la eterna batalla de la tecla, el currante medio puede englobarse en una de dos categorías elementales: los listos y los “listos”. Ninguna de las dos es buena.

En primer lugar, hablaré de los “listos”. Mucha gente les considera grandes trabajadores, por que son capaces de resolver cualquier problema que les eches, rápido. Y efectivamente lo son. Pero también son el origen de muchos de esos problemas. Es el que mejor sabe las constantes que hay que cambiar en el código cuando quieres pasar la aplicación al servidor de producción. Es el que sabe en que orden hay que ejecutar los scripts para regenerar la base de datos. Es el que tiene siempre lista una función que hace justo aquello que necesitas, siempre a punto para pegarla en cualquier parte del código y solucionar la papeleta.

Luego esta el listo. Listo, en este caso, es otra palabra para decir “vago”. Es aquel al que le toca los huevos hacer la misma cosa dos veces. Genera y agrupa en hermosas y reutilizables clases el código que hace cosas que se necesitan a lo largo y ancho de toda la aplicación. Es aquel que escribe un script que saca el código del repositorio, hace las sustituciones necesarias, actualiza el modelo de datos y lo despliega todo a producción con un clic. Es aquel a quien le encargas una tarea de 10 minutos y pasa la mañana entera automatizándola por que sabe que recuperará rápidamente el tiempo perdido, a razón de 10 minutos al día, a la vez que reduce las posibilidades de error. Es aquel que extrae las ‘variables de la aplicación’ a un fichero de constantes, trata de limpiar y reducir la complejidad del código y trata de optimizar su trabajo y el de los demás eliminando repeticiones y redundancias. Ocasionalmente, también es el que crea arquitecturas tan elevadas que el aire se enrarece y se ve afectado por la anoxia durante unos días (que se puede permitir por todo el tiempo que ha ahorrado automatizando otras cosas). Pero eso es otra historia.

Desafortunadamente, es más fácil ser “listo” que listo. Y también esta mejor visto. Cuando el “listo” tiene que hacer horas extra el día antes de la implantación para resolver un problema de última hora y salvar el cuello a los encorbatados, es un héroe. Se sacrifica por la empresa, hace ese “esfuerzo extra” que se “necesita” en este “momento puntual”. Poco menos que un mártir. En cambio, el no-trabajo del vago solo cuenta una vez, o ni siquiera eso, por que tardó 4 horas en hacer una tarea de 10 minutos. Si fuese “listo” habría tenido una excusa para parecer ocupado durante 10 minutos todos los días. Pero una vez automatizada, la tarea deja de ser ‘de importancia crítica’, se olvida por queeee… simplemente ocurre sin más, ¿sabes?.

Así que mientras el listo anticipa que a la larga se podrán ahorrar cientos de horas y se ocupa de ello, el “listo” anticipa que ‘habrá que quedarse hasta tarde por si surgen problemas a última hora’. Uno de ellos reduce los problemas hasta que quedan fuera de la vista, y otro elige el momento de los problemas para hacerse más visible que nunca y anotarse un tanto.

Como decía al principio, ambas posibilidades dan asco. Ser listo no compensa y por lo tanto da asco. Otras veces toca ser “listo”, y eso da asco, sin más que hablar.

Que asco de profesión.