Viniendo a clase me he cruzado con una tipa en el túnel peatonal de el Arco de Ladrillo. En ese momento no había nadie mas en el túnel.
Llevábamos mas o menos la misma actitud. Gafas de sol, auriculares con la música a tope, típica mala hostia matutina, y la vista fija en un punto del suelo a unos dos metros por delante de cada uno.
Cruzábamos los dos exactamente por el centro del túnel, en direcciones opuestas. Estaba visto que uno de los dos tendría que apartarse. Obviamente, no iba a ser yo. Hoy es uno de esos dias de que-nadie-se-cruce-en-mi-camino-o… de repente, las dimensiones se han deformado y el túnel era tan ancho como un puto campo de fútbol.
El caso es que imagino que ella tenía un dia igual, por que ninguno de los dos se ha apartado hasta que hemos estado a medio metro. He levantado la vista de mi punto de fuga habitual y nos hemos visto las faces. Incluso a través de los cristales, creo que cada uno ha visto la mala hostia del otro y, quizás en un pequeño instante de comprensión por el sentimiento compartido, los dos nos hemos apartado a la vez. Primero a un lado, luego al otro, y despues en un hábil movimiento semicircular nos hemos rodeado el uno al otro, manteniendo escrupulosamente el diámetro de 50 cm.
Creo que posiblemente ese breve instante que he dicho ahi arriba ha sido y será el mejor momento del dia. Veremos.
Tags: calle, desconocida, interaccion, mal humor




