Arthur C. Clarke y Stephen Baxter – Luz de otros días

Lecturas de Mayo

En un futuro muy cercano una empresa comercializa una tecnología con la que cualquier persona puede ver lo que hace otra desde cualquier sitio, en cualquier situación. Las esquinas y paredes ya no son barreras, todo momento de la existencia por muy privado o íntimo que sea queda expuesto a los demás.
Esta nueva tecnología supone la súbita abolición de la intimidad… para siempre. Mientras que hombres y mujeres afrontan el trauma de la nueva situación, esta misma tecnología demostrará ser capaz de mirar también en el pasado. Nada puede prepararnos para lo que vendrá después: el descubrimiento de lo que hay de verdad o mentira a lo largo de miles de años de historia.

Más que interesante premisa para un libro que sinceramente, me ha dejado una impresión bastante profunda. No tanto por la trama o los personajes, que no son más que una excusa bastante pobre, si no por la transformación de la sociedad que provoca la _gusanocámara_, la tecnología que se menciona en el texto de portada del libro, con la que comienza esta nota.

En un mundo en el que no todo lo que haces, si no todo lo que _alguna vez hiciste_ puede ser observado, no ya por un gobierno opresor, si no por cualquiera lo suficientemente curioso o aburrido, las barreras creadas por milenios de vida en sociedad desaparecen. Todos los crímenes, todas las mentiras, todos los episodios ocultos de la historia de la humanidad, quedan al descubierto, y no queda otra posibilidad que aceptarlo y seguir adelante.

Aún más, ahora se puede conocer y tener una interpretación propia de todo lo que ha marcado el desarrollo de la vida en el planeta. La humanidad en conjunto puede saberlo todo sobre si misma, sin que las cosas hayan pasado por el filtro de la percepción de un testigo y de la memoria de generaciones de historiadores. Y, conocido el pasado sin que haya oportunidad de discutir, la humanidad queda libre para dedicar todos sus esfuerzos al desarrollo y al progreso.

Pese a haber sido escrito en el 2000, para mi es sin ninguna duda un clásico de la ciencia ficción especulativa. La débil trama en la que los autores se apoyan para desplegar su concepción de la sociedad transformada hace que el conjunto pierda un poco de fuerza, y perfectamente podría haberse presentado como un apéndice de “El mundo es uno”, a modo de extrapolación ficticia, señalando hacia donde podrían orientarse las comunicaciones en el futuro próximo. Pero si eres capaz de ver un poco más alla de eso, lo que queda detrás es un libro impactante y muy, muy recomendable.