Viejas ideas

Las viejas ideas no mueren hasta que no mueren los viejos pensadores. A ver si algun viejo pensador se da por aludido.

Hace ya una semana que nos “comunicaron” que debíamos venir a trabajar con traje al trabajo. El pretexto: imagen de empresa. Imagen de empresa. Una vez mas: imagen de empresa.
Un cambio en las condiciones de trabajo, acompañado de una prometida “compensación salarial” por la necesidad de aumentar nuestros gastos de armario y tintorería, que ha sido “desautorizada” a posteriori.

Resultado: hostión a la tarjeta de crédito, trajes, camisas, corbatas. Ansiedad, por que si bien nunca me he preocupado mucho por mi imagen, ahora soy terriblemente consciente de ella. ¿Llevo bien la corbata?. ¿Efecto sobaca mora en la camisa?. ¿Por que ahora me saluda más gente por los pasillos?. Levantarme para ir sin ganas a trabajar, por primera vez en un año. Motivación por los suelos. Productividad por los suelos.

No me disgusta el traje. Incluso me atrevo a decir que me cae bien, el dia que acierto a combinar traje, camisa y corbata. Y creo que es una de las mejores ideas para corregir la postura: cuando estas sentado, el cuello rígido de la camisa te obliga a mantener cierta rectitud en el cuello, y cuando vas por ahi andando con la chaqueta, vas tieso como una vela.

Pero soy programador. Me paso 9 horas al dia sentado delante de un monitor y un teclado, que dicho sea de paso, necesitan mucha más atención y mejora que mi vestimenta. Entiendo la necesidad y la importancia de la imagen personal en cualquier transacción comercial, y puedo anteponer la imagen a la comodidad en los momentos que lo requieren, pero ¿a diario?. ¿Proyectar mi (arrebatadora) imagen sobre los cacho-carnes de consultora que me rodean?. Para hacer el capullo ya están los comerciales, ¿no?

Entonces, me pregunto, ¿que coño estoy haciendo yo aqui?. Distraerme en tonterías. Prestar mas atencion al estado de mi camisa, y al brillo de mis zapatos que a la calidad del producto por el que se supone que me pagan, por lo que debería ser el fin último del trabajo. Cada vez que me tengo que aflojar la corbata, se me escapa un bug. Cada vez que me molestan los zapatos, pierdo el hilo de lo que estoy haciendo y tardo una hora en volver.

El problema de la juventud española (o mejor dicho, de este particular joven español – hay que ver lo que le hace decir a uno el traje), no es ni el botellón, ni la falta de objetivos. Es una tremenda e irreductible disonancia cognitiva al encontrarse con el mundo real a medida que se madura, donde la gente preparada para hacer una tarea se ve continuamente impedida por el poder, por quienes camuflan su incompetencia en forma de seriedad e imagen, por la vieja manera de hacer las cosas, por quienes se resisten a hacerse a un lado para permitir que mueran las viejas ideas.

¿Que se deriva de todo esto?. La famosa diferencia entre trabajar en una frutería y ser frutero. Se separa aquello que haremos durante la mayor parte de nuestra vida de la propia vida. Se ralentiza la carrera profesional, se ralentiza el progreso personal. La enajenación del trabajo en su máxima expresión. Como dice un compañero de trabajo: “dejo la informática, monto una ebanistería”.

En resumen, que me jode calzarme el puto traje todos los dias.