Halo

Ahora que el Halo 2 esta de moda tengo que venir yo a hablar de la primera parte. El juego no me había llamado la atención para nada, ya que para mi no era más que un FPS para XBox, es decir, un juego no óptimo para una plataforma no óptima. Vamos, que los disparos en primera persona no son mi idea de diversion delante de una consola. Y por si fuera poco, no tengo XBox :( asi que lo iba a jugar en PC.

Hasta que el otro dia me vi con el entre las manos, me dió por instalarlo y no lo solté hasta que me lo terminé (en dificultad normal). Aun teniendo que jugarlo en unas condiciones muy por debajo de las optimas, el juego destaca.

Destaca por su física. Por sus mapas exteriores en los que el motor gráfico dibuja el puntito de tu disparo de plasma hasta que llega a la pared a la otra punta del inmenso valle por el que te mueves. Por la manera en la que los enemigos salen despedidos gritando cuando explota la granada que acabas de dejarle en los pies :).

Destaca por los propios enemigos. Por que son tan cabrones que te tienden emboscadas. Te esperan al otro lado de la puerta. Se esconden para recargar su arma o se dejan cubrir por sus compañeros mientras se acercan para pelarte de una estocada.

Pero sobre todo destaca por el guión. Básicamente han cogido Mundo Anillo, la novela de Larry Niven, y la han adaptado sin destrozarla en ningún momento, que sería lo habitual. Una nave huye de la tierra, y saltando por el espacio al azar va a dar a las proximidades de un gigantesco planeta-anillo, con una fuerte presencia de ‘los malos’ en las proximidades. Solo hay un sitio para hacer un drámatico aterrizaje de emergencia, y es el anillo, asi que ahi vamos.

Los personajes principales: el Jefe Maestro, controlado por el jugador, una suerte de supersoldadito al que todo el mundo (excepto el propio jugador) conoce y del que todo el mundo habla (‘¡eh! ¿es él de verdad? ¿has visto que alto es?’); Cortana, una inteligencia artificial con un avatar de color morado y con unas curvas de espanto que te va guiando allá donde vas, a la vez que se ocupa de desconcertarte con frases a medias (‘creo que deberíamos… oh, no, van a… lo mejor será que vuelvas por donde has venido’); y el Monitor, una pelotilla flotante megalomaniaca y superlistilla de los cojones, que no tiene nada mejor que hacer que discutir con nuestra amiga IA de cosas que no entendemos.

En una palabra, personajes bastante carismáticos y hasta entrañables, muy por encima de lo que cualquiera se esperaría en un juego de este tipo, rematados por un doblaje de lujo sobre una banda sonora que aporta muchísimo muchísimo muchísimo (insisto) al entorno del juego.

Las referencias a la isla del cartógrafo, a la biblioteca, al centro de control del anillo… encajan casi perfectamente con la idea de la vastedad del anillo que Niven trata de inculcar al lector casi en cada pagina. Casi parece que vas a cruzarte con Louis Wu o con un titerote en cualquier momento. El argumento se va desplegando poco a poco, las cosas empeoran cuando parece que todo esta a punto de quedar bajo control, y a partir de ahi, un crescendo hasta un final impresionante, frénetico a la vez que dramático y sobrecogedor, que ya quisieran muchas películas para sí.

Quedan compensados con mucho los (numerosos) defectos del juego, como pueden ser su excesiva linealidad, o lo largos (por lo repetitivos) que son los niveles a la vez que el juego es demasiado corto.

Y de nuevo repito, la escala épica de la escena final me llena de una sensación de maravilla que es díficil de explicar. Ojo, no estas tratando con un gamer flipadillo. No hablo del final del juego, o ni siquiera de todo el puto juego en sí. Es sólo que esas imágenes, conjuntadas con las que Ringworld dejó en mi cabeza, desencadenan un sentimiento de congoja y de fascinación simultáneas que solo se puede entender siendo yo mismo, o habiendo estado dentro de mi.

Son muy pocas las obras de ciencia ficción que me dejan así, y Halo, pese a todas sus críticas, queda para mi en el círculo selecto de libros/juegos/películas a los que siempre termino volviendo cuando estoy en horas bajas.

Ahora toca esperar a la decepción que seguramente sea la secuela, una vez que haya pasado de moda y sea asequible para los cheap fscks como yo. Mientras tanto, habrá que volver a jugar. Una y otra vez.

Intento de descongestión.

Llevo mareando este post de pestaña a pestaña y del form al notepad ya casi 3 dias.

A principios de este mes empecé otro ciclo formativo: Desarrollo de productos electrónicos. Desde el mismo dia llevo sin desarrollar el desarrollo que deberia desarrollar para mi primer “cliente”. Voy bastante retrasado en el tema, pero por alguna razón no encuentro manera de avanzar.

Por lo general, no tengo ganas de ver a nadie ni a nada, asi como tampoco de contar nada ni contar con nadie. Creo que esta siendo una de mis épocas cavernícolas mas prolongadas. Le estoy cogiendo gusto a pasear acompañado de Evoken y Skepticism en el minidisc. Ciudad arriba y abajo. Algunas veces despacio, caminando casi al tempo de la música, algunas veces deprisa, como si me estuvieran esperando en ningún sitio. Vuelvo a casa sudando, y una ducha, un libro o ronda de blogs/noticias y la cena son los emocionantes acontecimientos que me separan de la cama.

Debe haber algo más… no siento el habitual alivio al soltar algo que se lleva masticando varios dias. Pero no sé… no sé lo que es. La falta de luz. La primavera. Yo que cojones sé.

Como parte del informe de situación, el ciclo me gusta, no recordaba nada de electrónica/electricidad básica (eufemismo para ‘estoy mas perdido que el santo grial’) y me estoy dando algo de caña con circuititos cada dia. Tras varios dias de leecheo masivo con una calidad de conexión nunca vista hasta hoy (y no es sarcasmo), ayer se presentaron por aqui dos tecniquillos de Retecal/ONO para cambiarme el modem. A saber.

Tambien he perdido peso, he visto Azumanga Daioh casi completa (terminaré esta noche), y por fin he encontrado tiempo para empezar Cultura Libre de Lawrence Lessig traducido por elastico.net.

Para rematar y como novedad: 3 pequeñas plantas (no narcóticas) viviendo en mi habitación. Algún dia me preocuparé de mirar de que especie son.